Escribo hoy, 15 de Febrero, festividad de San Faustino, intentando recuperarme de una imagen que he visto en el telediario de hoy.
Con la cantidad de parados que hay, con la economía cayéndose por su propio peso cada día más, con el país hundido en la mayor de las miserias, y Zparo, en vez de estar buscando soluciones, o mejor, escribiendo su carta de dimisión, se reúne con sus amigos los titiriteros después de que ayer se celebrara la gala de los Goya.
Siempre me he preguntado que culpa tendrá Goya para que lo eligieran a él como el símbolo de unos premios absurdos a la vez que estúpidos. Seguramente, si Goya levantara la cabeza se moría al instante, al comprobar como usan su imagen para premiar a unos actores y actrices que por interpretar entienden enseñar el culo o las tetas. ¡Pobre Goya! Comparar el talento de un genio con el de unos ineptos subvencionados.
Que se celebre esta gala tampoco es que me llame mucho la atención. Desconozco si ayer fue televisada como otros años, cuestión de la que si tendrían que dar cuenta de por qué, con dinero público, se da publicidad a esta colección de payasos, y que me perdonen los payasos. No me digan que no tiene gracia la cosa: una gala donde actores y directores a cual peor, se premian mutuamente, buscando seguramente el consuelo de no poder optar a premios con nivel, algo que no conseguiran jamás puesto que su idea cinematográfica se basa sólo y exclusivamente en el sexo, sin mostrar más guión, ni más contenido, ni más argumento. ¡Allá ellos! Que se premien todo lo que quieran. Es más, que se premien más aún si son capaces de hacer una película sin contar con un duro mío, es decir, sin estar subvencionados por el Gobierno.
Por que digo yo, ¿por qué no me subvencionan a mi, que soy bastante más productivo que ellos? ¿O por qué no subvencionan actividades que nos harían la vida mejor, como investigaciones científicas o médicas?
No. Subvencionan a los actores, a la gente de la cultura, como se autodenominó en cierta ocasión Ana Belén, una señora cuya aportación al mundo del celuloide se resume en Zampo y yo, (no yo, sino ella, o sepa Dios, ¡si nadie vió la película!), como si los demás no tuvieramos cultura o como si el privilegio de otorgar carnets de culto lo tuvieran ellos.
Los subvencionan a ellos porque son de los nuestros (de los suyos, quiero decir), y así siempre estarán dispuestos a manifestarse en contra del Gobierno que haya que no sea el mio (quiero decir, el suyo, vamos el PSOE), aunque no haya motivo para ello. Y así también comerán de nuestra mano cuando, a pesar de tener el país hecho unos zorros, les pediremos que no abran la boca para quejarse ¡al fin y al cabo, a ellos nunca les faltará de nada! Y con un poco más de esfuerzo, incluso se manifestarán en contra de los empresarios, capitalistas y ruines, mientras que ellos, millonarios acomodados, reparten de boquilla sus pingües ganancias entre los pobres. Y, por si fuera poco, si ya terminamos de redondear la subvención, también conseguiremos (conseguirán, digo) que llamen fachas a toda nuestra oposición. ¿A qué merece la pena subvencionarlos?
En fin, al menos hoy si le he visto un poco de sentido a que el premio sea un busto de Goya. Cuando Zparo tenía uno en la mano, mientras Lady Gorgoritos lo acariciaba con una envidia insaciable, he pensado que la estampa que se veía en ese momento, Goya la hubiera retratado muy bien... en sus pinturas negras. Porque negro está nuestro futuro, negro está el país y negros estamos los españoles sensatos de ver como toda una colección de inútiles e incompetentes, encabezada por Zparo, nos roban a manos llenas y encima se rien de nosotros. Vamos, ser putas y poner la cama. ¡No me dirán que no les acabo de dar una idea estupenda para otro guión!
