lunes, 21 de junio de 2010

Escribo hoy, 21 de Junio, festividad de San Luís Gonzaga, ante la última ocurrencia que ha tenido este Gobierno, aunque he de reconocer que la capacidad de sorprenderme va menguando a pasos agigantados.
Y es que la Ministra de Sanidad (ministerio absurdo donde los haya puesto que sus competencias están prácticamente cedidas en su totalidad a las comunidades autónomas) quiere darnos la factura que importa la hospitalización de un paciente para que sepamos cuanto vale dicha hospitalización. ¡Y se queda tan a gusto!
Cuando se pierde el norte de la manera que lo han perdido éstos, se acaba dando bandazos de un lado para otro y se llega a niveles de estupidez tan supinos como éste. O sea, que si ahora, por poner un ejemplo, me da un ataque de apendicitis y me tienen que ingresar e intervenir quirúrgicamente, además de estar fastidiado con la enfermedad, me van a informar de cuanto ha costado a las arcas públicas el caer enfermo. ¡Vamos, como si la apendicitis me la hubiera provocado yo mismo para fastidiar a Zparo!
Seamos serios. Una cosa, en la que incluso podríamos estar de acuerdo, es el instaurar el mal llamado céntimo sanitario (y digo mal porque no sería un céntimo) para intentar persuadir a los señores que, no teniendo nada mejor que hacer, se pasan el día en las consultas de atención primaria (en el médico de cabecera para entendernos) suponiendo, además de un grave retraso en las consultas, un coste importante en farmacia puesto que cada vez que acuden al médico, salen con sus recetas correspondientes... hagan o no hagan falta.
Y otra cosa muy distinta es "informar" a los pacientes del coste que su enfermedad supone. Y ello porque, en primer lugar, nadie se pone enfermo por gusto ni a nadie le gusta sufrir ninguna enfermedad y mucho menos estar hospitalizado. Y, en segundo lugar, porque esta presión que se está creando a lo único que puede llevar es a que los médicos obvien la prescripción de pruebas médicas necesarias para realizar diagnósticos claros, con tal de evitar disparar el gasto. ¿O es que piensan que, además de informar a los pacientes de su coste, no van a presionar a los centros hospitalarios para que no se salgan del presupuesto?
No sería la primera vez que hemos tenido noticias de muertes o complicaciones graves por errores en los diagnósticos médicos, y tampoco sería la primera vez que esos errores vinieran provocados por no haber realizado más pruebas a los enfermos. Por tanto, estamos hablando de cosas muy serias, porque estamos hablando de la salud de la gente y más vale pasarse haciendo pruebas que cometer errores que pueden tener consecuencias fatales, incluso aunque se dispare el presupuesto.
Lo pueden ver de otra manera: más vale realizar todas las pruebas necesarias y alguna más para el diagnóstico seguro de una enfermedad que perder un cotizante. Y perdón por la ironía pero es que estamos llegando a un nivel en el que lo único que cuenta es el dinero, nivel al que no habríamos llegado si antes no hubieran estado despilfarrando el dinero de la manera que lo han hecho. Y si la Sanidad Pública es muy cara, que la privaticen o que busquen más financiación, pero lo que no vale es crearnos sensación de culpabilidad. Primero, porque no es culpa de nadie el caer enfermo y, segundo, porque cuando nos tiramos toda la vida cotizando a la Seguridad Social y no acudimos al médico (aunque no lo crean, hay gente muy sana) tampoco nos agradecen las apoortaciones mensuales que de nuestra nómina salen.
Por último, resulta llamativo, al menos a mí me lo parece, uno de los ejemplos que la ministra puso para justificar esta medida. Según la ministra, un parto natural sin complicaciones cuesta a la sanidad pública unos 1.200 euros. No sé si lo que pretendía es que las mujeres vuelvan a dar a luz como antiguamente (en sus casas y atendidas por las vecinas, con agua hirviendo y toallas limpias) o en cambio lo que pretendía era fomentar el aborto, de cuyo precio, por cierto, no dijo nada. ¡A ver si es que los abortos los regalan!

miércoles, 9 de junio de 2010

Escribo hoy, 9 de Junio, festividad de San Efrén, después de haber encontrado un hueco en las múltiples ocupaciones que últimamente colman todo mi tiempo. Lo que si me van a permitir es que este comentario de hoy se lo dedique a un lector asiduo de mi blog que, con todo el cariño, me ha afeado que no actualizara más a menudo este blog. Así que, va por tí, amigo Cantos.
Hoy presento una novedad: no voy a meterme con Zparo, y mira que sigue habiendo motivos, ni con el PSOE, que sigue sin querer reconocer el lío donde nos han metido, ni siquiera con los sindicatos, esa panda de chupópteros subvencionados que con una mano cogen a diario la subvención que su amigo Zparo les ofrece y con la otra montan un simulacro de huelga por los funcionarios, sin haberles importado lo más mínimo antes los casi cinco millones de parados que tiene este país, o la congelación de las pensiones a los que menos tienen ahora. Pero no, ésto lo dejaré para otro día. Hoy voy a hablar de la selección española de fútbol.
Sí, amigos. Estamos a las puertas de una nueva edición de la Copa Mundial de Fútbol, que este año se celebrará, por si todavía hay alguien que no se haya enterado, en Sudáfrica. La novedad de este año es que por fin tenemos un equipo que nos hace soñar, no ya con hacer un buen papel, sino incluso con llegar al día 11 de Julio y levantar tan ansiado trofeo. Y es que, aunque esta es una competición a la que siempre vamos, siempre acabamos con un mismo sentimiento: decepción. Pero este año es distinto. Este año tenemos a la mejor hornada de futbolistas españoles de la historia, este año tenemos espiritu de equipo y este año tenemos, sobre todo, fe en nosotros mismos. Después de la Eurocopa ganada por España, este equipo se quitó ese complejo de los cuartos de final y se dió cuenta a sí mismo que podían hacer algo grande. Y así lo hicieron.
Es cierto que el fútbol, como todos los deportes, no es una ciencia exacta y que el éxito o el fracaso está delimitado por una fina línea. Esa que hace que la pelota entre o no en la portería del rival. También es cierto que, aunque el grupo de clasificación es, en teoría, bastante asequible para nuestra selección, el cruce de octavos que podemos tener (Brasil, Portugal o incluso Costa de Marfil) puede ser mortal de necesidad. Pero lo que está claro es que podemos y debemos soñar.
Seremos muchos los españoles de bien que vibremos con nuestra selección, los que gritemos sus goles y nos alegremos con sus éxitos. Pero también habrá otros, los menos, personajes ridículos y acomplejados, que el tiempo que dure el Mundial nos bombardearán cada día con chorradas del estilo "quiero que gane Rusia", "quiero que gane un equipo donde juegue un jugador del Barça", "España no es mi país y, por tanto, no es mi selección", "mi selección es la de Euskadi", etc. Estos personajes que se definen por si solos, no merecerían más que mi desprecio y el del resto de los 45 millones de españoles que en la tierra estamos. El problema es que estos tíos, tan independentistas, tan antiespañolistas como son, no dudan de vivir de un sueldo que sale de las arcas del muy despreciable estado español. Se vé que el dinero es lo único que a estos tíos les gusta de España. Por eso, además de mi desprecio, tienen mi asco y mi desconsideración más elevada.
Son varios los motivos por los que me alegraría de un triunfo de España en el Mundial: primero, el deportivo. Estamos en una época dorada del deporte español y un triunfo en un Mundial de Fútbol (el acontecimiento deportivo más importante del mundo junto con los Juegos Olímpicos) marcaría con letras de oro el nombre de España. En segundo lugar, sociológico porque un triunfo de España nos alzaría la moral a los españoles que tan faltos de ella andamos últimamente. Y en tercer lugar, político ya que un triunfo de España acallaría las voces de esta gentuza que nos quieren robar, además del dinero, nuestro país.
Espero que si ganamos no pase igual que cuando España venció en la Eurocopa, donde los medios catalanistas y los no catalanistas pero que en su estupidez supina justifican el supuesto derecho a la independencia de esta parte de España, ocultaron las múltiples celebraciones que en Cataluña hubo por el triunfo de España. O lo que pasó en las Vascongadas, donde el gobierno vasco, entonces capitaneado por el capitán Spok, digo por Ibarreche, no dudó en mandar a la Ertainzta para que evitara las celebraciones de la gente porque podrían provocar incidentes. Es una pena que no mandara a la Ertainzta cuando las manifestaciones las organizaban los etarras, porque estos si que organizaban incidentes. A pesar de esto, también hubo muchas celebraciones en el País Vasco, para mayor jodienda de estos nacionalistas vividores.
En fin, mucha suerte para España y ojalá dentro de algo más de un mes estemos hablando del triunfo de la selección. De momento, el primer gol ya lo hemos metido ya que esta tarde Zparo no podrá recibir a la selección, tal y como estaba previsto, por motivos de agenda. Al menos Zparo ya no nos gafa, porque este tío, y a las pruebas me remito, además de inútil, es gafe. De todos modos, yo creo que ha sido más por aquello del concepto discutido y discutible que por agenda, o por aquello de que últimamente no quiere dar la cara, ¡con lo que siempre le ha gustado enseñarnos su ceja!, no vaya a ser que se la partan más de lo que la tiene. El caso es que, por las razones que sean, nos libramos de su gafe. Mejor así.
Viva España y a por ellos.