Escribo hoy, 28 de octubre, festividad de los Santos Simón y Judas, con motivo de la última polémica que algunos han querido montar a partir de unas declaraciones que ha realizado Mariano Rajoy sobre la idoneidad de revisar el estado de las autonomías.
¿Y donde está el debate si se ha quedado demasiado corto? Efectivamente, como dice D. Mariano, hay que realizar una revisión del estado de las autonomías... que lleve a su desaparición total y absoluta, dado el fracaso tan enorme y el coste tan exagerado que ha tenido y sigue teniendo para este país todavía llamado España.
¿Y porqué hay que eliminar este estado autonómico totalmente fracasado para los ciudadanos pero enormemente beneficioso para la casta política? Pues son varias las razones que se podrían argumentar para defender esta posición.
La primera es una razón económica y política. Ningún político autonómico ha sabido entender cual es el papel que tenían que asumir las distintas autonomías según los dictados de la Constitución. O mejor dicho, ningún político autonómico ha querido entender cual era su papel. De este modo, en vez de crear una organización que facilitara por cercanía las gestiones y problemas de los ciudadanos de este país, han creado pequeños estados que incluso intentan (si es que no lo han conseguido ya en algunos casos por todos conocidos) entablar relaciones bilaterales con el Estado español, a la vez que se rodeaban de todo el boato y toda la parafernalia que puede tener un jefe de estado, llegando incluso a casos esperpénticos donde su parecido se asemejaba más con reyezuelos de países subdesarrollados que con políticos de un país se supone que moderno. A todo esto hay que unir el coste que nos supone a los españoles el mantener estos reinos de taifas con su parafernalia: cientos de diputados en cada comunidad autónoma, delegados del gobierno de dicha comunidad autonóma, incluso algunos han creado "embajadas", directores generales, secretarios generales, coches oficiales, móviles oficiales y miles de funcionarios que no hacen sino duplicar la burocracia y los trámites del estado central. Fíjense que manera más fácil de reducir el déficil sin tener que tocar ni pensiones, ni impuestos, ni nada que, como siempre, nos perjudique a los ciudadanos.
La segunda razón es porque estos estados autonómicos se han convertido en nidos de corrupción y enchufismo. Las autonomías sólo están sirivendo para que los políticos coloquen en puestos oficiales a sus amigos y familiares, cuyo único mérito es precisamente ese, el ser amigo o familiar del político de turno. Si a esto sumamos la cantidad de dinero público que es destinado a organizaciones, asociaciones e incluso empresas afines a los políticos, nos encontramos con un panorama desolador, con unas autonomías que despilafarran el dinero sin miramiento y sin ningún ánimo de crear riqueza, sólo contentar a las amistades.
Y la tercera razón, pero no por ello menos importante, es la desobediencia que hacen todas las autonomías, una y otra vez, de las leyes y de las decisiones judiciales. Y es que cada vez que a estos politicuchos baratos se les ocurre dirigirnos y controlarnos aún más la vida, siempre en su propio beneficio, y se topan con la denuncia de algún ciudadano "rebelde" que quiere defender su libertad, primero denostan y persiguen a este ciudadano y, luego, una vez habida sentencia que casi siempre es contraria a los "intereses autonómicos", comienzan con la ya manida letanía de que "respetamos la decisión de los jueces y acatamos la sentencia, aunque no la compartimos", para pasar luego a criticar la sentencia como un ataque al estado autonómico o al sentimiento autonómico realizado por fachas sin corazón, y terminar con no cumplir la sentencia dictada, cosa que hacen siempre sin que nadie haga nada para impedirlo, existiendo casos en los que hay varias sentencias condenatorias de las posturas de algunos organismos autonómicos pero que, aún así, siguen insistiendo en su cabezonería. ¿Qué pasaría si todos los españoles respetaramos las leyes pero luego no cumplieramos las mismas? Pues eso es básicamente lo que hacen todos los políticos autonómicos... y sálvese quien pueda.
La Constitución Española todavía vigente, aunque no por mucho tiempo, tiene la llave para eliminar todas estas ilegalidades, dando poder al gobierno para intervenir y suspender las autonomías. Por desgracia, no sólo no lo hacen sino que, además, con tal de mantenerse unos pocos meses más en el poder, son capaces de regalarles lo que queda de España y hasta a su madre si es preciso. Ya era hora de que un político dijera algo en este sentido, aunque se haya quedado muy corto. Por desgracia, no sólo no lo hará sino que, además, como necesite el apoyo de algunos para gobernar no dudará tampoco en vender a España. ¡Así nos va!
