Escribo hoy, 22 de Noviembre, festividad de Santa Cecilia, para intentar cubrir el hueco que ha dejado en algunas personas la ausencia de Barrio Sésamo. Sí, amigos, hoy voy a explicar a nuestro querido presidente Zparo, como si de Supercoco se tratara, lo que significan dos palabras de las que, por lo que estamos viendo, desconoce totalmente su significado.
La primera palabra es patrimonio. Según el DRAE, en su acepción primera, patrimonio es "la Hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes". La segunda palabra es nacional, cuyo significado según el DRAE, también en su acepción primera es "perteneciente o relativo a una nación". Si unimos ambas palabras, Patrimonio Nacional, el DRAE también nos ofrece un significado, desde el punto de vista económico: "Suma de los valores asignados, para un momento de tiempo, a los recursos disponibles de un país, que se utilizan para la vida económica". Pero no nos pararemos hoy en el significado económico del término, sino que lo haremos desde el punto de vista cultural. Y es fácil colegir, teniendo en cuenta las definiciones dadas, que Patrimonio Nacional, desde un punto de vista cultural, sería algo así como "la herencia monumental y artística recibida a lo largo de los siglos perteneciente a este país".
Es fácil, ¿verdad? Pues no, parece que no es tan fácil de comprender para algunas personas. Y es que, como ya sabrán, nuestro querido Zparo y los palmeros que le rodean han decidido cerrar el Valle de los Caídos, monumento que pertenece a Patrimonio Nacional como entidad y, por ende, al patrimonio nacional español. Y digo yo, ¿quién se creen estos personajes que son para cerrar un monumento del Estado español?
Las excusas dadas han sido variadas, a cual más esperpéntica y sobre todo, contradictorias todas entre sí. Primero fue que se había realizado una exaltación franquista al, según Patrimonio Nacional (o sea, el gobierno) recuperar unas banderas españolas tras restaurar la cúpula de la Basílica. El único problema es que esas banderas siempre habían estado en dicha cúpula. Una vez que se dan cuenta de su error y tras pedir excusas por el malentendido, deciden cerrar el acceso al monumento porque, según ellos, van a proceder a restaurar la imagen de la Piedad que hay al pie de la cruz de dicho monumento. Comienzan, de esta manera, a desmontar la Piedad, a pesar de la existencia de siete informes contrarios a dicha medida por el riesgo más que evidente de destruir dicha imagen. El propio hijo del autor advierte de que una vez desmontada, jamás podrá volver a ser reconstruída. Cuando empiezan a desmontar, y gracias a la acción del abad del monasterio benedictino presente en ese lugar, se dan cuenta de que, efectivamente, es imposible llevar a cabo esa acción, por lo que paran el desmontaje, dejando en la actualidad a la imagen sin restaurar y sin reponer los graves daños causados por el desmontaje realizado. ¡Con lo fácil que era montar un andamio y restaurar la imagen!, igual que se hace con todos los monumentos del mundo mundial. Después de este esperpento, deciden cerrar el acceso por el riesgo evidente de derrumbe, cosa que es totalmente falsa. Aún así, los monjes benedictinos consiguen autorización para que los fieles puedan seguir accediendo a la Basílica para la Santa Misa por la parte de atrás del monumento, hasta que hace unos días, reciben la orden de cerrar también dicho acceso por el grave riesgo de atentados terroristas. En la actualidad no puede acceder nadie al monumento sin tener salvoconducto previo y tras pasar por un férreo control de la Guardia Civil que, como si de delincuentes se tratara, registran conciencudamente a todo el que intenta acceder. Y que conste que la culpa no es de la Guardia Civil, sino de quienes les mandan, o sea, Zparo y Rubalcaba. ¡Tanto montan...!
Pero no, ni el Valle de los Caídos se está cayendo, ni hay riesgo de atentado terrorista, ni ninguna milonga que nos quieran contar. La única realidad es que Zparo, además de un inútil (cosa que ya nos ha demostrado durante estos años), es un radical, rencoroso y vengativo, que lo único que pretende con esta medida es ganar una guerra que acabó hace más de setenta años y que todos los españoles menos él y sus palmeros teníamos completamente olvidada. Alguien con sentido común, si es que todavía queda alguno en ese partido, debería explicarle que cerrando el Valle de los Caídos ni va a ganar la guerra, ni va a borrar la dictadura franquista, ni tan siquiera podrá ocultar las barbaridades cometidas durante la II República (cuestiones que a menudo, por no decir siempre, olvida).
Nuestros abuelos y nuestros padres, testigos tanto de la guerra como de la dictadura, decidieron hace treinta y cinco años olvidarlo todo, correr un tupido velo y crear una España nueva, llena de libertad y de esperanza, que permitiera a sus hijos, o sea a nosotros, tener una vida mucho más próspera y feliz que la que tuvieron ellos. Y en eso estábamos todos y en eso seguimos la mayoría: en intentar que esa España que nos dieron nuestros padres podamos dejársela mucho más libre y mucho más próspera a nuestros hijos.
Hace algunos años visité el Valle de los Caidos, sin más ánimo ni más inquietud que la intelectual. Había muchísima gente visitando el monumento y, a pesar de eso, no había nadie, absolutamente nadie, haciendo apología del franquismo ni de nada que se pareciera. Eramos turistas, simple y llanamente turistas. Y turismo equivale a dinero. Y cerrando el Valle, lo único que van a conseguir es privar a los habitantes de aquella zona de la fuente de ingresos más importante que tienen. Nada más. A los españoles del siglo XXI nos da exactamente igual quien está enterrado allí e incluso a quién puedan enterrar mañana -¡como si lo quieren enterrar a él!-
Esto es sólo un ataque a la libertad, a la democracia y a la cultura. Y todos los españoles estamos obligados a denunciarlo porque hoy es el Valle de los Caídos, pero mañana puede ser cualquier otra cosa. Dejemos a los muertos descansar en paz y contemplemos la historia para no caer en los mismos errores que en el pasado. Y si hasta tus abuelos consiguieron perdonar, Zparo de mi alma, hazlo tu también y piensa que eres el presidente de los españoles del siglo XXI y no de los años treinta... aunque a ti te hubiera gustado eso más.
¿Se imaginan que mañana decide que no le gusta el reinado de Felipe II? ¡Capaz es de cerrar El Escorial!
