Escribo hoy, 23 de Septiembre, festividad de San Constancio, para hablar de algo muy nuestro y muy español. Hoy voy a hablar de Toros; bueno, en realidad voy a hablar de la Fiesta Nacional, que no es lo mismo.
No pretendo comentar quien está siendo la figura de esta temporada próxima ya a su fin -lo hará precisamente en Jaén, como todos los años-, ni que joven promesa ha destacado por encima de las demás, ni de que ganadería ha tenido mejor o peor comportamiento a lo largo y ancho de este año. No.
De lo que quiero hablar es del golpe a la libertad y a la democracia -otro más- que el próximo domingo se dará en Barcelona, con el cierre de la Plaza Monumental. Sí, amigos. Hablo de golpe a la libertad y a la democracia porque la prohibición de las corridas de toros en Cataluña no tiene absolutamente nada que ver ni con los toros, ni con su defensa ni con nada que se parezca. El único motivo que llevó al parlamento catalán a prohibir los toros en Cataluña es el seguir marcando distancias con España, el demostrar que ellos son totalmente distintos a los demás españoles, en definitiva, un paso más hacia sus deseos independentistas de los que, por cierto, otro día hablaremos, porque éstos mucho hablar de independencia pero bien que siguen cobrando sin rechistar y sin que les moleste del estado español. Pero eso es otro tema.
Y que no vengan ahora con que había una reclamación popular para prohibir las corridas, porque es falso, ni que el toro no merece eso que los antitaurinos llaman tortura -¡qué sabrán ellos de la tortura!-. ¡Falso de toda falsedad! El único problema es que los Toros, para empezar, son conocidos como la Fiesta Nacional y eso ellos no lo pueden consentir, y seguimos con que los Toros son una seña de identidad de España en el resto del mundo y, evidentemente, que a ellos tan listos y tan guapos como son los comparen con españoles es una ofensa gravísima. ¡Si hasta quieren prohibir, si es que no lo han hecho ya, que en las tiendas de souvenirs no se vendan ni toros ni gitanas!
Su odio a lo español, sus ansias de parecer distintos, les hacen cometer tropelías una y otra vez contra la propia población catalana quien, por miedo, calla y otorga. Y los Toros son sólo una más. Tenemos miles de ejemplos de que esto que digo es cierto: la famosa enseñanza en catalán, la obligatoriedad de saber catalán para poder presentarte a unas oposiciones, las agresiones a todo aquel que opine distinto del pensamiento único catalán, etc., etc., etc. ¡Y lo peor es que todo esto sucede sin que nadie haga nada, con todo el mundo mirando para otro lado, empezando por los políticos del gobierno nacional -cuya misión tiene que ser, precisamente, velar por la nación- y acabando por los jueces quienes, lejos de aplicar justicia, acaban siendo unos estómagos agradecidos a los partidos que los nombran!
Y la prueba de que no les importan los toros está en que no han prohibido, sin embargo, los "correbous", festejos tradicionales catalanes donde al toro le hacen de todo, desde ensogarlo hasta prenderle fuego a los pitones. Si tanto les preocupan los animales, ¿porqué no han prohibido ésto? Muy fácil: los correbous son catalanes y las corridas son españolas. Simple y llanamente.
En fin, lo peor es que no quedará aquí la cosa. Seguirán haciendo cosas que nos escandalizarán y seguiremos viendo como nadie hace nada para impedirlas. Sólo espero que, al menos, la corrida del próximo domingo, con la que se cerrará para siempre la posibilidad de que los ciudadanos catalanes puedan ir libremente a un espectáculo en su tierra, sea un auténtico "corridón", de forma que se pueda recordar muchos años y no se olvide, de esta manera, el enésimo ataque a la libertad que estos independentistas de pacotilla le hacen a este gran país.

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